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NO TIENES QUE HACER NADA…

  • 15 ago 2015
  • 5 Min. de lectura

NO TIENES QUE HACER NADA… Hace aproximadamente unos cuatro años, una persona que se presentaba como una especie de guía espiritual, ante una situación de crisis que yo estaba atravesando me dijo: “No tienes que hacer nada”, al escuchar aquello sentí decepción y hasta pensé “este –señor- está loco. Pero como me pasa siempre con las cosas que no logro comprender al momento, esas palabras de vez en vez venían a mi mente, como buscando calar. HOY, habiendo transcurrido unos cuantos inviernos emocionales más, lo comienzo a comprender y más aún, considero es de las lecciones más valiosas, importantes y útiles que nos convendría a todos aprender, o al menos –intentar practicar-. Si a este mensaje que en aquel momento me quiso transmitir -Jorge-, le sumo una de las máximas de mi respetada y amada Carola Castillo: “Una energía no va a otro lugar hasta que se agota en sí misma”, entonces la lección va tomando más sentido. Me explico, a lo largo de mi vida personal, sobre todo en esos momentos duros, difíciles, esos donde sentimos “tocar fondo”, siempre se activa en mí, así como me atrevo a aseverar que se activa en todos, esa necesidad de pretender zafarnos de un solo zarpazo de la situación que nos agobia. Y una y otra vez nos decimos –a nosotros mismos-: “ya, hasta hoy…”; “ésta es la última vez que…”; “esto se tiene que terminar…”; entre muchas otras expresiones de similar intención. Y emprendemos una batalla titánica por conseguir el objetivo CLARO de poner fin a la situación. Otro gran estudioso de los temas humanos, el reconocido Carlos Fraga con su famoso “viaje de la mente al corazón”, sustenta también esta idea. Y es que, en todos estos, por lo general, fallidos intentos, nos olvidamos de este importante e ineludible viaje. Poco importa cuánto queramos o necesitemos deshacernos del sentimiento o situación que estamos atravesando, es necesario descubrirnos cada vez más realistas y concientes de que las crisis, son procesos, y como “proceso” consta de una consecución de etapas que ineludiblemente tenemos que vivir. Y estas etapas son justamente las que elaboran este viaje. Muchas veces, la mente sabe lo que nos conviene y lo que no, y generalmente queremos hacerle caso a nuestra mente mientras que el corazón desea con fuerza seguir el camino que traía. En este conflicto interno muchas veces nos perdemos y no sabemos qué hacer. Ni entendemos cuando escuchamos decir, sigue tu corazón. Realizar este viaje, es justamente brindarle el tiempo que el corazón requiere y necesita, para comprender lo que quizás la mente ya entendió mucho antes y cuando este entendimiento se produce en el corazón, es justo cuando ya la energía se está agotando. Por eso hoy les digo: “NO TIENES QUE HACER NADA…”, aunque quizás esto les suene absurdo, -no tienes que hacer nada-, mientras más luchamos contra la situación se hace mucho más pesada y difícil de llevar y sobre todo de trascender. Quizás a otros les puede sonar –fácil- el no tener que hacer nada, sin embargo tampoco lo es. No hacer nada, desde este enfoque, implica vivir cada fase de la situación tal cual se presenta, reconociendo que lo que nos aqueja tiene una valoración en nuestra escala de asuntos importantes y al salirse de lo esperado, es imposible que no nos cause inconformidad, frustración y en el fondo, siempre: DOLOR. No tienes que hacer nada, hasta que esa “energía” no se agote, no se transformará en otra, no irá a otro lugar y no trascenderá. Esperar que esto suceda, necesariamente amerita realizar el aventurero viaje de la mente al corazón. No hacer nada, tiene que ver con vivir, CONCIENTEMENTE, cada etapa de la situación, sabiendo que un día sentimos que podemos y que hemos avanzado y que al instante nos descubrimos hundidos en el mismo debate interno. Pero incluso así, estamos avanzando. Es imperante aprender a RECONOCER que todas las emociones que se nos despiertan en estas situaciones de crisis, son válidas, auténticas y dignas de respeto, por muy oscuras que parezcan. Muchas veces, por nuestros valores religiosos, entramos en “culpa” cuando sentimos experimentar –odio- porque creemos que Dios no nos verá con buenos ojos. Y ni siquiera nos damos cuenta de que muchas veces ese odio, no es más que un amor herido. No hacer nada tiene que ver más con ese famoso “fluir” al que nos invitan los grandes maestros espirituales, con abandonar la lucha. Entendiendo por “lucha” esa batalla atropellada que pretende ir en contra del curso “natural” con que se van presentando las cosas. Esta lucha que debemos aprender a abandonar, es esa terquedad porque las cosas sean como nosotros “creemos” que serían mejor y que no está sucediendo de forma fluida. Es ese empeño forzoso de buscar encausar las cosas hacia lo queremos y desviarlo del cauce que –la vida, el universo o Dios- han dispuesto que sea. Ayer presencié una escena en una conocida franquicia de comida rápida que me tocó profundamente y que me sirve para ilustrar lo que trato de transmitir. En la mesa de al lado donde me senté con mis amigas estaban una muchacha y un muchacho, no sé cuál era el vínculo que los unía, quizás hermanos, quizás primos, quizás pareja, lo rescatable para mí de esa escena, es que ambos estaban sumidos en una evidente tristeza. El muchacho prácticamente acostado sobre la mesa con expresión de total y absoluta tristeza y la muchacha sentada frente a él, lloraba sensiblemente, sin drama, solo sumida en su dolor. Ninguno miraba al otro, solo estaban allí, acompañándose, -SINTIENDO- el dolor, pero lo que más me llamaba la atención es que, no se percibía lucha, esta lucha de la que les hablo, ambos estaban en un estado de -entrega-, ambos estaban asintiendo a lo que estaban viviendo, en ese momento, quizás sin saberlo, ellos comprendieron que no tenían que hacer nada. Quizás, en este –no hacer nada- cabría decir, tenderse en las manos de Dios. En este no hacer nada, paradójicamente es válido “hacer” también. ¿Cuál es la distinción entre mi invitación inicial de -no hacer nada- y ahora decirles que también se puede hacer? Pues, te explico: Con -No hacer nada- me refiero a salirnos de la frustrante idea de que podemos deshacernos de un solo intento de la situación que nos aqueja, se refiere a tomar conciencia de que esto tomará su tiempo y habrá momentos malos, otros peores y uno que otro, donde quizás nos sintamos tomando un respiro nuevamente, pero que el proceso hacia la salida de la situación es paso a paso, de a poquito, con sus altos y sus bajos. Sin embargo, es válido “hacer” también, actividades nuevas, toda situación de crisis es una invitación que la natural evolución de la vida, de –nuestra propia vida, nos hace, ¿para qué? Para re-descubrirnos, para conocer aspectos nuestros que nunca imaginamos tener. Salirnos de la rutina, intentar rescatar sueños que por alguna razón dejamos olvidados, hacer nuevos intentos, conocer gente nueva, aprender algo nuevo y en una palabra: BUSCAR. Este “hacer” sí puede darnos grandes aportes en el proceso de trascender la situación que estamos atravesando. No tienes que hacer nada, pero haz algo nuevo, diferente, atrévete a buscar y a nunca dejar de intentar.
 
 
 

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